Si como persona, célula e iglesia no amamos las misiones y no amamos a las naciones, si nuestro corazón no se constriñe al ver que gente muere sin esperanza, si vivimos tan cómodos en casa, asistiendo regularmente al templo y perteneciendo a una iglesia, llamándonos el cuerpo de Cristo y escuchando el mismo sermón una y otra y otra vez, poniéndonos obesos de palabra mientras viudas, niños huérfanos, niños con cáncer, ancianos abandonados, jóvenes en drogas y mujeres en la prostitución, gente enferma al borde de la muerte, musulmanes, hindúes, budistas, animistas, ateos y agnósticos y tantas personas se están perdiendo es porque somos unos completos egoístas pues nosotros no tenemos el derecho de escuchar tantas veces el mismo mensaje cuando en el mundo hay personas que no lo han escuchado ni una sola vez. Es que no podemos llamarnos cristianos ni seguidores de Jesús porque no hemos comprendido ni siquiera un poquito del Evangelio de Jesucristo. ¿Cómo es posible que nuestro corazón sea tan duro? Nos rehusamos a predicar en las esquinas, en las calles y todas partes, nos quedamos callados. Te diré que serán demandadas cuentas por aquellas personas a las que se nos dijo: ¡Predica le! Y nos quedamos callados. Si no amamos al prójimo, si no amamos a las naciones, si no amamos evangelizar y llevar la Palabra a esta generación tan necesitada, si nuestro corazón es de piedra, si no amamos las misiones y no las llevamos en nuestro corazón, no hemos comprendido absolutamente nada del Evangelio.

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