Le conté a Dios de ti.
En una de nuestras conversaciones, de esas que solo con Él puedo tener.
Dónde no puedo ocultar nada. Hablamos un poco de todo, y en ese todo estás tú.
Le conté a Dios de ti, de tu sonrisa, de tu voz, de tus ojos.
Pero le dije que aunque todo eso me gusta de ti, lo que realmente me enamora es tu corazón. Sí, porque muchos solo saben abrazar con los brazos, pero tú... Tú abrazas con el alma. Por la forma en que ves las cosas, por cómo sientes, porque te convertiste en mi refugio. Por las pláticas hasta la madrugada aquellas noches de octubre.
Le conté del primer día que te vi, le conté de la primera vez que escuché tu voz y vi tus ojos.
Le conté a Dios que me he enamorado de ti.

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